Nadie pensaba que en medio de agosto iba a tocarnos un día no sólo de sol, sino también de agradable calor. Nadie pensaba que el mar iba a estar hecho una seda, con apenas alguna olita juguetona de vez en cuando. Pero para los que insisten e insisten, el premio llega: un domingo a la medida de los que gustamos de bucear en todo el año.

Pese a algunos desperfectos mecánicos (una rotura de último minuto del cable de dirección de la Escualo que obligó a recurrir a embarcaciones de emergencia) y con un poquito de demora en relación a la hora fijada, a las 09:00 estábamos saliendo buscando el punto de buceo que resultara más propicio. Y luego de comprobar que ni el Parque Submarino Cristo Rey ni el James Clunies  tenían buena visibilidad, optamos por alejarnos un poco más:  hasta el Banco de Afuera. Donde sí encontramos un mar de asombrosos 11º C (cálido para esta época), con una hermosa visibilidad, y la mirada sorprendida de los peces que se asomaban por debajo de las piedras donde se refugian en invierno.

 

Primera experiencia de buceo embarcado para algunos buzos recién egresados (acompañados, por supuesto, por instructores en toda la inmersión) y lugar conocido pero que nunca deja de sorprender para otros buzos más avesados, el Banco de Afuera sigue siendo un destino seguro para un buen buceo en cualquier clima. Y si sumamos a los pingüinos, albatros y petreles que nos acompañaron en toda la ida, con la compañía de algún lobito buscando comida (que no recibió de nuestra parte), y el encuentro con tres hermosas ballenas a la vuelta, jugando bajo el sol de un mediodía de calor y cielo despejado… qué más puede pedirse de un día domingo de agosto?

 

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